Tómese con mucha agua Parte 2
(Esto me lo
gritaba-dictaba Litioman mientras esperábamos en el semáforo en una calle cerca de la Ave.
Roosevelt camino a Psiquiatría- es decir- la vida misma.)
Me parece haber visto un perro
catando una copa de vino mientras otro le olía el trasero intentando adivinar
que había comido el día anterior. Justo
al lado, dos perritas se mostraban su collar y se alababan mutuamente mientras
por dentro se comían de envidia.
Ese planeta cuadriculado captó mi
atención –a medias- mientras esperaba por el verde esperanza. Sí, esperanza,
porque quedarse allí hubiera significado el fín de mi existencia
tolerante. El disimulo (fake) imperaba
allí mientras uno a uno se continuaban lamiendo el culo. Ya sea por el éxito del “guiso”-negocio
recién firmado, ya sea por amor a la gula o a la gala.
Al principio dá algo de coraje
(lo confieso), luego una lástima por el aire de soledad que impera, más
asfixiante que el polvo del sahara. La
psicosis no puede faltar, de repente se me nubla la vista y la imagen cambia en
su totalidad.
Veo niños(as) harapientos con la
panza a punto de estallarle, las manos extendidas suplicando migajas… Veo más fantasmas, esta vez, perros
“caritativos” que le dan la carne y ellos se chupan los huesos, ¡ay…pero que
amable y tierno el gesto ante mi “imaginación”, claro, pues, aunque lo primero
es puramente real dentro de lo psicodélico, lo segundo resulta ser solo parte
de mi anhelo.
Y quién sabe? Tal vez me equivoco
y los primeros “algo” harán para limpiar su asquerosa conciencia.